viernes, 2 de octubre de 2009

Cuando se despertó,
no recordaba nada
de la noche anterior,
“demasiadas cervezas”,
dijo al ver mi cabeza,
al lado de la suya, en la almohada…
y la besé otra vez,
pero ya no era ayer,
sino mañana.
Y un insolente sol,
como un ladrón, entró
por la ventana.
El día que llegó
tenía ojeras malvas
y barro en el tacón,
desnudos, pero extraños,
nos vio, roto el engaño
de la noche, la cruda luz del alba.
Era la hora de huir
y se fue, sin decir:
“llámame un día”.
Desde el balcón, la vi
perderse, en el trajín
de la Gran Vía.
Y la vida siguió,
como siguen las cosas que no tienen mucho sentido,
una vez me contó,
un amigo común, que la vio
donde habita el olvido.
La pupila archivó
un semáforo rojo,
una mochila, un peugeot
y aquellos ojos miopes
y la sangre al galope
por mis venas
y una nube de arena
dentro del corazón
y esta racha de amor
sin apetito.
Los besos que perdí,
por no saber decir:
“te necesito”.
Y la vida siguió,
como siguen las cosas que no tienen mucho sentido,
una vez me contó,
un amigo común, que la vio
donde habita el olvido.
Me adelantó un talón de setecientas,
más gastos, sin contar otras quinientas
en fichas del casino,
mi último tren llegaba con retraso,
así que decidí aceptar el caso
de la rubia platino
.
Yo era un huele-braguetas sin licencia,
quemado en la secreta por tenencia,
extorsión y líos de faldas,
estaba, como buen ex-policía,
a sueldo de un pez gordo, que sabia
cubrirse las espaldas.
Ninguna zorra vale ese dinero,
pensé, mientras dejaba mi sombrero
nuevo en el guardarropa,

cantaba regular, pero movía
el culo con un swing que derretía
el hielo de las copas
.
Cuando salió, por fin, del reservado,
sentí que las campanas del pasado
repicaban a duelo,
la última vez que oí esa melodía
me recetaron tres años y un día,
más IVA, en la Modelo.

Para jugar al Black Jack y ser un duro,
andar escaso de efectivo
es igual que pretender envidar,
con un farol, al futuro,
no por casualidad
me temen en los casinos,
me daban diez de los grandes por el caso
de la rubia platino
.
Los besos que te dan las chicas malas
salen más caros cuando los regalan
y huelen a fracaso
,
pero el croupier me echaba cartas buenas
y la rubia platino era morena
y el caso era un gran caso.
En un bistró, del puerto de Marsella
nos fuimos demorando, entre botella
y botella de Oporto:
-”Los que pusieron precio a tu cabeza-
le dije exagerando su belleza,
- se habían quedado cortos”
-
Puede que me estuviera enamorando,
porque, antes del café, cambié de bando,
de hotel y de sombrero.
Mi viejo puso un cuarto, con dos camas,
fingiendo que la dama era una dama
y su hijo un caballero
.
Ni siquiera, señores del jurado,
padezco, como alega mi abogado,
locura transitoria.
Disparé al corazón que yo quería,
con premeditación, alevosía
y más pena que gloria.

Para jugar al Black Jack y ser un duro,
andar escaso de efectivo
es igual que pretender envidar,
con un farol, al futuro,
no por casualidad
me temen en los casinos,
diez de los grandes por seguirle los pasos
a la rubia platino.

Para volver a ser alguien, en el ambiente,
necesitaba un par de buenos clientes,
algo para mis vicios y un despacho decente,
no dan para comer las putas del barrio chino,
todos los lunes no me encargan el caso
de la rubia platino
.
Para no ser un cadáver, en el tranvía,
aparte de tener gramática parda
hay que saber que las faldas son una lotería;
con luz de gas brilló mi lámpara de Aladino…
todos los lunes no me encargan el caso
de la rubia platino.
¿Dónde está la canción que me hiciste cuando eras poeta?
terminaba TAN TRISTE que NUNCA LA PUDE EMPEZAR.
Si a medianoche, por la carretera
que te conté,
detrás de una gasolinera
donde llené,
te hacen un guiño unas bombillas
azules, rojas y amarillas,
pórtate bien
y frena.
Y si la Magdalena
pide un trago,
tú la invitas a cien
que yo los pago.
Acércate a su puerta y llama
si te mueres de sed,
si ya no juegas a las damas
ni con tu mujer.
Sólo te pido que me escribas,
contándome si sigue viva
la virgen del pecado,
la novia de la flor de la saliva,
el sexo con amor de los casados.
Dueña de un corazón,
tan cinco estrellas,
que hasta el hijo de un Dios,
una vez que la vio,
se fue con ella.
Y nunca le cobró
la Magdalena.
Si estás más solo que la luna,
déjate convencer,
brindando a mi salud, con una
que yo me sé.
Y cuando suban las bebidas,
el doble de lo que te pida
dale por sus favores,
que en casa de María de Magdala,
las malas compañías son las mejores.
Si llevas grasa en la guantera
o un alma que perder,
aparca junto a sus caderas
de leche y miel.
Entre dos curvas redentoras
la más prohibida de las frutas
te espera hasta la aurora,
la más señora de todas las putas,
la más puta de todas las señoras.
Con ese corazón,
tan cinco estrellas,
que hasta el hijo de un Dios,
una vez que la vio,
se fue con ella,
Y nunca le cobró
la Magdalena.

jueves, 1 de octubre de 2009

Lo primero que hizo el Dioni al llegar a Río
fue brindar con el espejo y decir que tío!
No veas que pasó de entrada en el restaurante
niñas al salón que el Dioni está en la ciudad.

Con su buen par de zapatos de cocodrilo
no se le resiste ni la Venus de Milo
sobre todo si te pagan por un francés
dos veces lo que ganaba en Madrid currando un mes.

Porque las mulatas cuando son de bandera
confunden el corazón con la billetera.

Y la pasma. -Que te ve cara de pringao
de fantasma. -Si encima cortas el bacalao.
Ay Dionisio. -Pues total lo del banco sin un mal tiro
mucho vicio. -Trincar el pastón y pegarse el piro.

La de noches que he dedicado yo a planear
un golpe como el que diste tú con un par.

Marcándose una lambada en Copacabana
aun flipa rememorando aquella mañana
en que decidió jugársela a cara o cruz
para una vez que te sale un órdago claro al mus.

Tumbado al sol en topless Ipanema sueña
despierto como va a alucinar la peña
viendo tu foto en la portada del Interviú
poco va a gozar tu cuerpo el cambio de luz.

Vaya nivelón, menudo aprendiz de brujo
nariz a lo Indiana Jones, peluquín de lujo.

Pero al loro. -Que el destino en un maricón
sin decoro. -Te da champan y después chinchón.
Ay Dionisio. -Pues total lo del banco sin un mal tiro
mucho vicio. -Trincar el pastón y pegarse el piro.

La de noches que he dedicado yo a planear
un golpe como el que diste tú con un par.

Un bocata con lima te llevaré,
con esta saltita encima a Caravanchel.
Al día siguiente del robo,
y parecía tan bobo comentó el el bar
uno que te conocía y el camarero decía
-chapó- porque te lo habías sabido montar
con clase y categoría como "number one"
y un jubilado añadía puesto, se ha incordiao
que Madrid te debería, primo, levantar
un busto en plena gran vía a cargo popular
y una placa que diría "al Dioni, con un par".
Y todo el mundo asentía.

Esta salsita viajera pa' tí, puede bailarla cualquiera.
Esta salsita viajera pa' tí, puede bailarla cualquiera.
Un bocata con lima te llevaré,
con esta saltita encima a Caravanchel.
Destino chungo cruel y canalla
te da champán y después cazalla.
Un bocata con lima te llevaré,
con esta saltita encima a Caravanchel.
Un bocata con lima te llevaré,
con esta saltita encima a Caravanchel
lere, lere...

Y todo el mundo asentía.
Un bocata con lima te llevaré
y yo mientras los oía compuse este tumbao
un bocata con lima te llevaré
que venga la policía y nos quite lo bailao,
que es más vacilón el ritmo cuando es agarrao,
que suelto pa' vino tiene carne ni pescao,
se baila en con más son que en Bilbao,
y en nueva york los morenos lo hacen swingeao,
y tú sin perjudicar a nadie y esposao.
Y si amanece por fin
y el sol incendia el capó de los coches
baja las persianas;
de ti depende y de mí
que entre los dos siga siendo ayer noche
hoy por la mañana.
Olvídate del reloj
nadie se ha muerto por ir sin dormir
una vez al currelo.
¿Por qué comerse un marrón
cuando la vida se luce poniendo ante ti
un caramelo?
Anda, deja que te desabroche un botón;
que se come con piel la manzana prohibida
y tal vez no tengamos más noches
y tal vez no seas tú
la mujer de mi vida.
El tiempo es un microbús
que sólo cruza una vez esta breve
y absurda comedia,
y yo no soy Mickey Rourke
ni tú Kim Bassinger, ni tengo nueve
semanas y media.
La buena reputación
es conveniente dejarla caer
a los pies de la cama.
Hoy tienes una ocasión
de demostrar que eres una mujer
además de una dama
anda, deja que te desabroche un botón;
que se come con piel la manzana prohibida
y tal vez no tengamos más noches
y tal vez no seas tú, y tal vez no seas tú
la mujer de mi vida
Olvídate del reloj
nadie se ha muerto por ir sin dormir
una vez al currelo.
¿Por qué comerse un marrón
cuando la vida se luce poniendo ante ti
un caramelo?
Anda, deja que te desabroche un botón;
que se come con piel la manzana prohibida
y tal vez no tengamos más noches
y tal vez no seas tú, y tal vez no seas tú
la mujer de mi vida.
Ahora que nos besamos tan despacio,
ahora que aprendo bailes de salón,
ahora que una pensión es un palacio, donde nunca falta espacio
para más de un corazón
...
Ahora que las floristas me saludan,
ahora que me doctoro en lencería,
ahora que te desnudo y me desnudas,
y, en la estación de las dudas, muere un tren de cercanías...
Ahora que nos quedamos en la cama
lunes, martes y fiestas de guardar
,
ahora que no me acuerdo del pijama,
ni recorto el crucigrama,
ni me mato si te vas.
Ahora que tengo un alma que no tenía.
Ahora que suenan palmas por alegrías.
Ahora que nada es sagrado ni, sobre mojado,
llueve todavía.
Ahora que hacemos olas por incordiar.
Ahora que está tan sola la soledad.
Ahora que todos los cuentos parecen el cuento de nunca empezar.
Ahora que ponnos otra y qué se debe,
ahora que el mundo está recién pintado,
ahora que las tormentas son tan breves
y los duelos no se atreven a dolernos demasiado
...
Ahora que está tan lejos el olvido,
ahora que me perfumo cada día,
ahora que, sin saber, hemos sabido
querernos, como es debido, sin querernos todavía
...
Ahora que se atropellan las semanas, fugaces, como estrellas de Bagdad,
ahora que casi siempre tengo ganas de trepar a tu ventana
y quitarte el antifaz
.
Ahora que los sentidos sienten sin miedo.
Ahora que me despido pero me quedo.
Ahora que tocan los ojos, que miran las bocas, que gritan los dedos.

Ahora que no hay vacunas ni letanías.
Ahora que está en la luna la policía.
Ahora que explotan los coches, que sueño de noche, que duermo de día.
Ahora que no te escribo cuando me voy.
Ahora que estoy más vivo de lo que estoy
.
Ahora que nada es urgente, que todo es presente, que hay pan para hoy.
Ahora que no te pido lo que me das.
Ahora que no me mido con los demás.
Ahora que, todos los cuentos, parecen el cuento de nunca empezar.